Rango: DECRETO DEL GOBIERNO DE ARAGÓN
Fecha de disposición: 20210929
Fecha de Publicacion: 11/10/2021
Número de boletín: 210
Organo emisor: DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN, CULTURA Y DEPORTE
Titulo: DECRETO 157/2021, de 29 de septiembre, del Gobierno de Aragón, por el que se -declara+ la tapia del Cementerio de Torrero de Zaragoza donde se realizaban las ejecuciones, situada en Zaragoza, como Bien de -Interés + -Cultural,+ en la categoría de conjunto de -interés cultural,+ lugar de memoria democrática de Aragón.

Texto
     El Patrimonio Cultural de Aragón está integrado, tal y como lo regula
     la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, por
     todos los bienes materiales e inmateriales relacionados con la
     historia y la cultura de Aragón que presenten interés antropológico,
     antrópico, histórico, artístico, arquitectónico, mobiliario,
     arqueológico, paleontológico, etnológico, científico, lingüístico,
     documental cinematográfico, bibliográfico o técnico, hayan sido o no
     descubiertos y tanto si se encuentran en la superficie como en el
     subsuelo o debajo de las aguas.
     La Ley prevé, en su artículo 11, tres categorías de protección para
     los bienes integrantes del Patrimonio Cultural aragonés, y los
     clasifica en Bienes de Interés Cultural, Bienes Catalogados y Bienes
     Inventariados. De éstos, los Bienes de Interés Cultural son
     definidos, por el artículo 12 de la Ley, como los bienes más
     relevantes, materiales o inmateriales, del Patrimonio Cultural de
     Aragón. Este mismo precepto prevé diferentes tipos de categoría de
     protección para los Bienes de Interés Cultural en función de la
     naturaleza de los mismos. En el caso de los bienes inmuebles, se
     establecen en el apartado segundo del referido artículo las
     categorías de Monumento y Conjunto de Interés Cultural.
     De éstas, la categoría de Conjunto de Interés Cultural comprende, a
     su vez, varias subcategorías de protección, en función de las
     características del bien de que se trate. Entre ellas la de Lugar de
     Memoria Democrática de Aragón, definida en el apartado g) del
     artículo 12.2 B de la ley como el espacio, construcción o elemento
     inmueble cuyo significado histórico sea relevante para la explicación
     del pasado de Aragón en términos de participación, defensa y lucha a
     favor de la democracia frente a la intolerancia y la dictadura en el
     marco histórico de la Segunda República española, la guerra civil y
     la dictadura franquista. Estos espacios podrán incluir ateneos,
     escuelas, centros sociales y culturales vinculados con la
     sociabilidad y la cultura republicanas, así como, en relación con la
     guerra y la dictadura franquista, obras de fortificación, vestigios
     de combates, fosas, lugares de detención e internamiento, obras
     realizadas con trabajos forzados, espacios de acción guerrillera
     antifranquista, así como cualquier otro tipo de espacio significativo
     o conmemorativo, tales como maternidades en las que se cometieron los
     actos contra la dignidad de los bebés robados.  Este nuevo apartado
     g) del artículo 12.2 B) de la Ley del Patrimonio Cultural Aragonés,
     es introducido por la disposición final segunda de la Ley 14/2018, de
     8 de noviembre, de memoria democrática de Aragón, como consecuencia
     de lo establecido en su artículo 20.1, según el cual, "...los lugares
     de memoria democrática se integran en el patrimonio cultural aragonés
     con la categoría que les corresponda en función de la normativa sobre
     patrimonio cultural de Aragón. Aquellos que por su relevancia y
     singularidad merezcan un nivel de protección superior serán
     declarados como bienes de Interés Cultural, siendo una figura
     específica dentro de la categoría de Conjuntos de Interés Cultural".
     Estas características las cumple la tapia del Cementerio de Torrero
     de Zaragoza donde se realizaban las ejecuciones en Zaragoza como
     espacio físico conservado de especial relevancia simbólica e
     histórica en el marco de la Guerra de España (1936-1939) y de la
     inmediata postguerra, lugar de fusilamiento y ejecuciones masivas con
     significado tanto para la ciudad de Zaragoza como para el Conjunto
     del territorio aragonés, y cuyo recuerdo permanece vivo en la memoria
     colectiva.
     De esta manera la declaración de la tapia del Cementerio de Torrero
     de la ciudad de Zaragoza donde se realizaban las ejecuciones como
     Bien de Interés Cultural, en la categoría de Conjunto de Interés
     Cultural, figura de Lugar de la memoria democrática de Aragón, cuya
     descripción se recoge en el anexo I de este Decreto, pretende
     garantizar su valoración, preservación y protección como símbolo de
     homenaje y reconocimiento de la dignidad de las personas allí
     asesinadas.
     Asimismo, el artículo 16 de la Ley del Patrimonio Cultural Aragonés
     prevé que la declaración de Conjunto de Interés Cultural pueda
     afectar al entorno del bien que se quiere proteger, y que éste podrá
     delimitarse en la misma declaración en atención a la incidencia que
     cualquier alteración de dicho entorno pueda tener en los valores
     propios del Conjunto o de su contemplación. En el caso de la tapia se
     han establecido unas medidas de tutela que se recogen en el anexo II
     y la delimitación del lugar de memoria y su plano se recoge en el
     anexo III de este Decreto.
     El expediente de declaración de la tapia del Cementerio de Torrero de
     Zaragoza donde se realizaban las ejecuciones se ha tramitado conforme
     a lo previsto en la Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio
     Cultural Aragonés; la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento
     Administrativo Común de las Administraciones Públicas, y el Decreto
     Legislativo 2/2001, de 3 de julio, del Gobierno de Aragón, por el que
     se aprueba el texto refundido de la Ley de la Administración de la
     Comunidad Autónoma de Aragón. De acuerdo con el artículo 18 de la Ley
     del Patrimonio Cultural Aragonés, se incoó el procedimiento, mediante
     la Resolución de 21 de abril de 2021, de la Directora General de
     Patrimonio Cultural, por la que se inició el procedimiento y se abrió
     un periodo de información pública por el plazo de un mes para la
     declaración de la Tapia del Cementerio de Torrero donde se realizaban
     las ejecuciones, situada en Zaragoza, como Bien de Interés Cultural,
     en la categoría de Conjunto de Interés Cultural, Lugar de Memoria
     Democrática de Aragón ("Boletín Oficial de Aragón", número 100, de 10
     de mayo de 2021), que fue notificada a los interesados.
     Además, y según se prevé en el apartado cuarto del artículo 18 de la
     Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, se
     solicitó informe a la Comisión Provincial del Patrimonio Cultural de
     Zaragoza, al Consejo Provincial de Urbanismo de Zaragoza y al
     Ayuntamiento de Zaragoza. La Comisión Provincial del Patrimonio
     Cultural de Zaragoza informó favorablemente la declaración en su
     sesión de 29 de julio de 2021 y el Consejo Provincial de Urbanismo de
     Zaragoza informó favorablemente la declaración en su sesión de 18 de
     junio de 2021. El Ayuntamiento de Zaragoza presentó alegaciones a la
     declaración solicitando la ampliación de la misma a otros elementos
     del cementerio de Torrero y dicha propuesta fue desestimada dado el
     simbolismo de la tapia como elemento individual adecuado a la figura
     de Lugar de Memoria Democrática.
     Instruido el procedimiento, se dio trámite de audiencia a los
     interesados, durante el cual no se presentaron alegaciones.
     Por todo ello, conforme a lo dispuesto en el artículo 21 de la Ley
     3/1999, de 10 de marzo, de Patrimonio Cultural Aragonés, a propuesta
     del Consejero de Educación, Cultura y Deporte, y previa deliberación,
     el Gobierno de Aragón, en su reunión del día 29 de septiembre de
     2021,
     DISPONGO:
     Primero.- Objeto.
     Es objeto del presente Decreto declarar Bien de Interés Cultural, en
     la categoría de Conjunto de Interés Cultural, Lugar de Memoria
     Democrática de Aragón, la tapia del Cementerio de Torrero de Zaragoza
     donde se realizaban las ejecuciones.
     La descripción de la tapia del Cementerio de Torrero de Zaragoza
     donde se realizaban las ejecuciones, las medidas de tutela, así como
     la delimitación del bien se recogen en los anexos I, II y III de este
     Decreto.
     Segundo.- Régimen jurídico.
     El régimen jurídico aplicable a los Conjuntos de Interés Cultural es
     el previsto en la Ley 3/1999, de 10 de marzo, de Patrimonio Cultural
     Aragonés, y, especialmente, el contenido en la Sección Segunda, del
     Capítulo I, del Título Segundo, los Títulos Sexto y Séptimo y en
     cuantos preceptos sean de aplicación general para los bienes de
     Interés Cultural.
     Tercero.- Efectos de la declaración.
     De acuerdo con lo dispuesto en los artículos 41 y siguientes de la
     Ley 3/1999, de 10 de marzo, del Patrimonio Cultural Aragonés, la
     declaración de un Conjunto de Interés Cultural determina la
     obligación para el ayuntamiento afectado de redactar y aprobar uno o
     varios Planes Especiales de Protección del área afectada por la
     declaración u otro instrumento de planeamiento urbanístico que
     cumpla, en todo caso, las exigencias establecidas en la citada ley.
     Hasta que no se produzca la aprobación definitiva de dicho Plan, toda
     modificación de usos o actividades en la zona, precisará autorización
     del Director General responsable de patrimonio cultural previo
     informe de la Comisión Provincial del Patrimonio Cultural competente.
     Desde la aprobación definitiva del Plan Especial de Protección del
     Conjunto o instrumento similar, el ayuntamiento interesado será
     competente para autorizar directamente las obras que desarrollen,
     debiendo dar cuenta al Departamento responsable de Patrimonio
     Cultural de las autorizaciones o licencias concedidas en el plazo
     máximo de diez días desde su otorgamiento.
     Cuarto.- Publicidad
     El presente Decreto surtirá efectos desde el día siguiente a su
     publicación en el "Boletín Oficial de Aragón" y se notificará a los
     interesados y al Ayuntamiento de Zaragoza.
     Frente a este Decreto, que agota la vía administrativa, cabe
     interponer, recurso potestativo de reposición ante el mismo órgano
     que dictó el acto, en el plazo de un mes de conformidad con lo
     dispuesto en los artículos 123 y 124 de la Ley 39/2015, de 1 de
     octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las
     Administraciones Públicas, o bien recurso contencioso-administrativo
     en el plazo de dos meses, de conformidad con los artículos 25 y 46.1
     de la Ley 29/1998, de 13 de julio, reguladora de la Jurisdicción
     Contencioso-administrativa.
     Zaragoza, 29 de septiembre de 2021.
     El Presidente del Gobierno de Aragón, JAVIER LAMBÁN MONTAÑÉS
     El Consejero de Educación, Cultura y Deporte, FELIPE FACI LÁZARO
     I
     DESCRIPCIÓN DEL BIEN DE INTERÉS CULTURAL, LUGAR DE MEMORIA
     DEMOCRÁTICA DE LA TAPIA DEL CEMENTERIO DE TORRERO DE ZARAGOZA DONDE
     SE REALIZABAN LAS EJECUCIONES SITUADA EN ZARAGOZA
     La Guerra de España de 1936-1939 supuso, en expresión del historiador
     Enrique Moradiellos, "una combinación de lucha de clases sociales por
     las armas, pugna de ideologías políticas enfrentadas, choque entre
     mentalidades religioso-culturales contrapuestas, enfrentamiento de
     sentimientos nacionales mutuamente incompatibles". Constituyó un
     trágico período de dolor y sufrimiento que ensangrentó la vida y la
     memoria de infinidad de personas, tragedia que se prolongó, tras la
     victoria de las fuerzas rebeldes, durante la posterior dictadura
     franquista.
     La represión franquista en Zaragoza
     Tras el golpe militar del 18 de julio de 1936, la represión
     sistemática e implacable llevada a cabo por los sublevados contra la
     legalidad constitucional de la II República, de la cual es fiel
     reflejo lo sucedido en la tapia trasera del Cementerio de Torrero en
     Zaragoza, tuvo tres fases diferenciadas cronológicamente (vid: Julia
     Cifuentes y Pilar Maluenda, El asalto a la República. Los orígenes
     del franquismo en Zaragoza (1936-1939), Zaragoza, Institución
     "Fernando el Católico", 1995, p. 178).
     1ª fase, julio a diciembre de 1936. Coincide con los primeros días de
     consolidación del golpe de Estado y los meses iniciales de la Guerra
     de España (período que ha dado en llamarse del "terror caliente"), en
     que se produjo el asesinato de los principales políticos republicanos
     y dirigentes sindicales en Zaragoza y de numerosas víctimas
     trasladadas a la capital aragonesa desde pueblos cercanos, de las
     comarcas de La Almunia y Borja, así como de localidades pequeñas y
     relativamente alejadas como era el caso de la comarca de Daroca.
     También fueron asesinados en estos primeros meses personajes
     relevantes en el terreno político procedentes de las provincias de
     Teruel y Huesca.
     Durante esta fase, muy pocas de las víctimas fueron sometidas a
     procedimientos judiciales sumarísimos, dado que los detenidos no
     pasaban por tribunales militares ni consejos de guerra. Tras ser
     asesinados, sus cadáveres quedaban abandonados a orillas del Canal
     Imperial, en los descampados de Valdespartera o en los barrios
     rurales dependientes de la ciudad de Zaragoza.
     Desde bien pronto se utilizó como lugar de detención, previo a las
     ejecuciones, la Prisión Provincial de Zaragoza, conocida popularmente
     como Cárcel de Torrero. Dicha instalación penitenciaria había sido
     inaugurada el 5 de octubre de 1928, reemplazando a la vieja cárcel de
     la Calle de Predicadores, que desde esa fecha se dedicó
     exclusivamente a prisión de mujeres.
     2ª fase, enero de 1937 en la zona insurgente y a partir de marzo de
     1938 en las zonas ocupadas por las fuerzas franquistas tras la
     ofensiva en el frente de Aragón. -Durante 1937 la represión disminuyó
     considerablemente como consecuencia de "haberse ejecutado ya a la
     mayoría de los oponentes" y "de una mayor `lentitud´ en los trámites
     de las ejecuciones", (Julia Cifuentes, Pilar Maluenda, op. cit, p.
     187) dado que en esta fase se pusieron ya en marcha los juzgados
     militares que, tras los consejos de guerra, eran los encargados de
     dictar las sentencias de pena de muerte.  La mayoría de las
     ejecuciones se llevaron a cabo en la entonces tapia trasera del
     Cementerio de Torrero, junto al Mausoleo de Joaquín Costa.
     En 1938 se produjo un aumento considerable de los fusilamientos con
     respecto a 1937, sobre todo como consecuencia del traslado a Torrero
     de numerosos vecinos de las localidades recientemente ocupadas por
     las fuerzas franquistas en el frente de Aragón, razón por la cual de
     estas zonas procedía un 85% de las víctimas asesinadas en ese año.
     A partir de julio de 1938, la mayor parte de las muertes fueron
     consecuencia de sentencias dictadas por consejos de guerra, con lo
     cual los fusilamientos se presentaron como revestidos de una mayor
     "legalidad" por parte de las autoridades militares, en contraposición
     con muchos de los asesinatos cometidos anteriormente por las fuerzas
     rebeldes o las milicias que se adhirieron al golpe, que tuvieron
     carácter extrajudicial.
     3ª etapa, desde el 1 abril de 1939 hasta agosto de 1946. En la
     inmediata posguerra, en las tapias de Torrero se siguieron llevando a
     cabo fusilamientos; a partir de 1940, "la capital centralizó
     prácticamente todas las ejecuciones" habidas en territorio aragonés
     (Julia Cifuentes, Pilar Maluenda, op. cit, p. 190). Hay que tener
     presente que, en la ciudad de Zaragoza, a la altura de ese año de
     1940, había 20 juzgados militares dictando, de forma sistemática,
     sentencias condenatorias sobre los vencidos.
     En la Cárcel de Torrero había un gran hacinamiento de presos ya que,
     construida para 250 reclusos, ya en 1938, según el testimonio de fray
     Gumersindo de Estella, "gemían (...)  cinco mil doscientos hombres y
     ochocientas mujeres" (vid: Gumersindo de Estella, Fusilados en
     Zaragoza.  Tres años de asistencia espiritual a los reos, Zaragoza,
     Mira, 2014, 3.ª ed, p. 115). Igualmente, se tiene noticia de que en
     diciembre de 1939 había en ella 4.748 presos. (vid: José Garrido
     Palacios (director), Evolución histórica y socioeconómica del Barrio
     de Torrero - La Paz, Zaragoza, Deodesma, 2003, p. 114).
     Las víctimas asesinadas en la tapia de Torrero procedían, sobre todo,
     de pueblos de las comarcas orientales de la región, pero también de
     lugares como Zuera, Épila, Gallur, Uncastillo o Torres de Berrellén.
     En la ciudad de Zaragoza se asesinó al 32% de las víctimas habidas en
     todo Aragón, muchas de ellas en las tapias del cementerio de Torrero.
     Su procedencia, por partidos judiciales (y sin duda en una cantidad
     probablemente mayor, dado que de un elevado número de víctimas no
     consta en el registro su procedencia y solo se alude a ellas como
     "hombre" o "mujer"), fue la siguiente: La Almunia (113), Cinco Villas
     (30), Borja (82), Calatayud (40), Belchite (43), Caspe (57), Ateca
     (11), Pina (80), Cariñena (60), Tarazona (8) y Daroca (15), además de
     los 126 asesinados procedentes del partido judicial de Zaragoza
     (Julia Cifuentes, Pilar Maluenda, op. cit, p. 191).
     Las "Sacas", el ceremonial de la muerte
     El proceso represivo que culminaba en la tapia de Torrero tenía
     varias etapas previas. De este modo, una vez dictada sentencia de
     muerte, los reos eran trasladados a la planta baja de la prisión,
     donde estaban las celdas para los condenados a la pena capital y para
     los incomunicados.  Aunque se dieron órdenes para que fueran tratados
     con "benignidad", hasta el cumplimiento de la sentencia permanecían
     completamente aislados y sólo podían recibir visitas del capellán y
     del médico de la cárcel.
     Cuando se tenía noticia de que iba a haber una "saca", esto es,
     cuando se iba a sacar a algún condenado para ejecutarlo, la noche
     anterior todo era inquietud entre los presos: en medio de la angustia
     nadie podía conciliar el sueño, no se sabía quién sería sacado con
     destino a la tapia de Torrero. Como recordaba Ramón Rufat Llop,
     testigo de muchas de las sacas ocurridas durante el tiempo en que
     permaneció preso en Torrero (noviembre 1939-mayo 1942), "todo el
     empeño de los condenados era saber cuántos tenían que sacar la mañana
     siguiente y quiénes eran los desgraciados", ya que "la verdadera
     psicosis del condenado estaba saber de antemano la hora de su muerte"
     (vid: Rufat Llop, Ramón, En las prisiones de España, Zaragoza,
     Fundación Bernardo Aladrén, 2003. p. 111). Cuando había varios días
     seguidos de "sacas", en el lenguaje carcelario se hablaba de la
     existencia de una "ofensiva"; en 1940 solía haber "sacas" todos los
     lunes.
     De madrugada, llegaba a Torrero una motocicleta militar con la
     notificación oficial de que ya podía comenzar la "saca". Poco
     después, lo hacían el Comandante de día de la plaza, el oficial que
     tenía que mandar el piquete y uno o varios camiones que trasladaban a
     la fuerza armada que debía de formar el pelotón de ejecución.
     Alrededor de la prisión de Torrero se desplegaba una fuerza de
     Caballería "que salía para servicio de protección y por si algún reo
     tenía el valor de escaparse atado y todo" (Ramón Rufat, op. cit, p.
     117).
     Tras la llegada del Juez de Ejecuciones se desencadenaban los
     acontecimientos: se abrían las puertas de los rastrillos carcelarios
     y los fríos cerrojos, se iba a la galería de los condenados y el Jefe
     de Servicios de la prisión, pistola en mano, leía los nombres con un
     imperativo "¡Vístase!", para acto seguido amarrar al reo y llevarlo
     ante el juez militar, quien les notificaba la inminente ejecución de
     la sentencia. Se pasaba entonces al reo a la sala de jueces, donde se
     le ofrecían auxilios espirituales, y se celebraba una misa a "marchas
     forzadas", "una media hora de silencio terrible" para el resto de los
     presos.
     Tras la misa, se ponía en marcha la comitiva hacia el lugar donde iba
     a tener lugar la ejecución, la tapia trasera del Cementerio de
     Torrero. Los condenados eran conducidos en un coche celular o en un
     camión en compañía de los capellanes de la prisión y escoltados por
     varios guardias civiles.  La comitiva la formaban, además, otros
     autos con el personal oficial que debía presenciar la ejecución: el
     Juez militar de ejecuciones, el Director y el médico de la cárcel,
     además de algún representante de la Policía y, en ocasiones, de la
     Falange. Acudían asimismo varios miembros de la Hermandad de la
     Sangre de Cristo, para recoger los cadáveres de los ejecutados y
     trasladarlos al cementerio.
     Un trágico final: La tapia del cementerio de Torrero
     La tapia trasera del Cementerio de Torrero, que entonces era el
     límite del camposanto, era el lugar de las ejecuciones. Según anotó
     fray Gumersindo de Estella en sus Diarios, desde el 6 de noviembre de
     1939 fue revestida "levantando una larga tapia de tablones de más de
     dos metros de altura. Y entre esta tapia y la valla quedaba un
     espacio de un metro que había sido rellenado de tierra, para evitar
     que las balas rompieran los ladrillos" puesto que, en ocasiones,
     "algunas alcanzaban a los ataúdes de los nichos del cementerio".
     Además, "para sarcasmo de la ciudad, y del país entero, esta
     cuadrícula tétrica con alambrada estaba presidida a pocos metros por
     el busto de Joaquín Costa, monumento elevado sobre su tumba en la
     parte del cementerio reservada a los hombres laicos que morían sin
     confesión" (vid: Rufat Llop, Ramón, op. cit, p. 120).
     Fray Gumersindo de Estella, que realizó su labor espiritual con los
     reos de la prisión de Zaragoza entre 1937 y 1941, plasmó en sus
     Diarios el drama humano de las víctimas y de sus familias truncadas y
     destrozadas.  José Ángel Echeverría se expresaba así: "Fruto de la
     absurda injusticia humana, de la indefensión de un juicio sumarísimo,
     de la delación mendaz más odiosa e incomprensible, de la eliminación
     pertinaz de lo distinto, vemos a los reos caminando hacia la tapia,
     de madrugada, dando tumbos, rotos, enloquecidos, llenos de furor, sus
     ojos desorbitados, como carne de fusil" (vid: Echeverría, José Ángel,
     Introducción a la edición de las memorias de Gumersindo de Estella,
     tituladas Fusilados en Zaragoza, 1936-1939. Tres años de asistencia
     espiritual a los reos, Zaragoza, Mira, 2014, 3.ª ed, p. 15). En estos
     últimos instantes, los presos solían proclamar a voz en grito su
     inocencia o lo injusto de su muerte.
     Los reos eran colocados junto a la tapia forrada de tablones,
     generalmente de espaldas al pelotón, con el piquete de fusilamiento
     situado a cinco pasos. Los capellanes ofrecían besar un crucifijo a
     quienes lo desearan. Quienes lo hacían eran absueltos.
     Los fusilamientos en sí eran un drama cruel: según fray Gumersindo
     Estella, "los soldados disparaban mal, de mala gana", lo cual
     obligaba a repeticiones que prolongaban de manera escalofriante la
     agonía de los condenados y a que los oficiales que mandaban el
     pelotón tuvieran que rematar a las víctimas con tiros de gracia,
     hechos que quedaron grabados para siempre en la memoria del religioso
     y de los soldados participantes en los fusilamientos, de todo lo cual
     dejó constancia escrita:
     "Casi siempre los reos quedaban, después de la descarga cerrada, con
     heridas leves ¡y los soldados se colocaban siempre a ocho pasos de
     los reos! Pero se veía que tiraban sin apuntar o apuntando a la
     pared, o a partes del cuerpo cuya herida no pudiera ser mortal" (vid:
     Gumersindo de Estella, op. cit, p. 92).
     Tan evidente debía de ser el hecho que el 17 de marzo de 1938, cuando
     iban a ser fusilados el general José María Enciso y el coronel José
     María González Tablas, miembros del Ejército Popular republicano,
     vino a presidir su ejecución Francisco Rañoy Carvajal, el general
     gobernador militar de Zaragoza, "porque le habían dicho que los
     soldados tiraban muy mal y no quería que esos dos señores fueran
     víctimas de la torpeza e incomprensión de los soldados y que deseaba
     evitar el espectáculo lamentable que se había repetido varias veces
     de permanecer buen rato los reos caídos en tierra con heridas leves y
     clamando que los rematasen" (vid: Gumersindo de Estella, op. cit, pp.
     126-127).
     Ramón Rufat corrobora esta trágica realidad: "Más de una vez hemos
     oído repetir la descarga por falta de puntería de la tropa. Durante
     los años de la guerra iba casi siempre la Legión Extranjera a formar
     el piquete; después se turnaban las fuerzas: una vez el Ejército,
     otra la Guardia Civil y otra la Guardia de Asalto por rigurosa
     rotación. Y cuando le tocaba al Ejército aquello era un verdadero
     desastre. Había tiros hasta para los gorriones y las palomas de la
     plaza del Pilar. Pero los reos tenían que morir y muertos quedaban".
     (vid: Ramón Rufat, op. cit, pp.  120-121).
     Tras la ejecución, los capellanes absolvían a los agonizantes y, tras
     recibir el tiro (o tiros) de gracia por parte del oficial que mandaba
     el piquete de ejecución, les daban la Santa Unción. Acto seguido, el
     médico de la prisión de Torrero comprobaba que los reos estaban
     fallecidos, los miembros de la Hermandad de la Sangre de Cristo
     recogían los cadáveres en el furgón y los llevaban al depósito.
     En recuerdo de estos trágicos hechos, en 2010 se inauguró en el
     Cementerio de Torrero un memorial que recuerda a las 3.543 personas
     asesinadas en Zaragoza desde los primeros días del golpe de Estado
     hasta agosto de 1946. Las víctimas, de entre 13 y 84 años de edad,
     procedían de 322 municipios españoles. Muchas de ellas fueron
     asesinadas en la tapia trasera del cementerio, lugar que ahora va a
     ser declarado Lugar de la Memoria Democrática de Aragón, en
     aplicación del artículo 20 de la Ley 14/2018, de 8 de noviembre, de
     memoria democrática de Aragón ("Boletín Oficial de Aragón", número
     226, 22 de noviembre de 2018).
     II
     MEDIDAS DE TUTELA DEL BIEN DE INTERÉS CULTURAL, LUGAR DE MEMORIA
     DEMOCRÁTICA DE LA TAPIA DEL CEMENTERIO DE TORRERO DE ZARAGOZA DONDE
     SE REALIZABAN LAS EJECUCIONES SITUADA EN ZARAGOZA
     Se mantendrá el volumen, la tipología, la morfología, la distribución
     y el cromatismo de la tapia, favoreciendo la conservación de los
     elementos básicos que definen su forma de articulación.
     Se deberán mantener todos los elementos accesorios que la definen (en
     especial los agujeros provocados por los impactos de los disparos).
     Todas las actuaciones que se realicen en ella deberán ir dirigidos a
     su conservación, restauración y rehabilitación, en particular se
     prohíbe el enlucido de la tapia.
     No se permite realizar ninguna actividad que pueda llevar a cabo el
     deterioro del mismo o que implique el menosprecio de la dignidad de
     la memoria de las víctimas allí ejecutadas, quedando sólo permitidas
     las encaminadas a la dignificación del lugar, a homenajes
     relacionados con las víctimas y sus familiares o las dirigidas a
     establecer rutas de la memoria histórica, actividades didácticas o
     similares.
     Dada su condición de Bien de Interés Cultural, cualquier instalación,
     obra u actuación que se realice en el Bien de Interés Cultural o en
     su entorno de protección deberá contar con la previa autorización
     cultural.